¡Cuántos Protocolos Familiares hemos colocado estos años! ¡Uff, todo por la pasta!

 

¡Cuántos Protocolos Familiares hemos colocado estos años! ¡Uff, todo por la pasta!

Las reuniones de reencuentro con antiguos amigos y compañeros de correrías varias siempre dan mucho juego; ¡que si que tal la familia!, ¡que si cómo haces para mantenerte así de bien (todo gimnasio, claro)!, ¡que si lo del pelo no tiene mucho arreglo, pero ya queda hasta "interesante"! Bueno, todas estas bromas de viejos amigos que aprovechamos ocasiones especiales (o no) para regocijarnos de tiempos pasados, que no necesariamente fueron mejores.

Mi pasado vinculado al mundo del Derecho, en general, y mi condición de "tributarista en la reserva" (o no tanto) son notorias para la gente de mi entorno; pero algunos antiguos compañeros y amigos que hemos tenido proyecciones profesionales y territoriales disímiles, no estaban al tanto de que hace un montón de años que me he lanzado a "re-inventar" la rueda; bueno, a tratar de otra forma todo lo relacionado con la SOSTENIBILIDAD INTERGENERACIONAL en la Empresa Familiar, y lo que yo doy en llamar el "Control del Riesgo Propiedad".

Pero todo el mundo está en lo de "los Protocolos Familiares". Hablar de Empresa Familiar y de Protocolos Familiares es "todo uno", tal es el estado de grave degeneración al que se ha llegado en lo que algunos seguimos intentando valorizar como algo serio, la Consultoría de Empresa Familiar.

Porque "colocar Protocolos Familiares" no es algo serio. Es "coge la pasta y vuela". Llevo años ridiculizando esa forma de actuar, que ha hecho millonarios a muchos; y ha permitido a muchos socios de muchas grandes firmas cumplir unos objetivos estratosféricos... Aunque ya me prodigo menos (las charlas, conferencias, etc., comienzan a agotarme y "dosifico") no había Seminario en que no me permitiese la licencia de poner en evidencia el modelo "firma el protocolo y vuela (después de cobrar, claro".

"Los papeles no resuelven los problemas". Es evidente, pero para apreciar lo evidente suelen ser precisos unos "requerimientos del sistema" (que diría un tecnólogo), entre los cuales está el saber resistirse a las modas y el tener un asesoramiento mínimamente honrado (¡ya sé!, ¡duro, verdad!, ¡pues que nadie se ofenda, eh!).

En la amigable conversación con mis viejos amigos, no pude parar de reírme. ¡Ja, ja, ja! De troncharme. ¡ja, ja, ja! ¡Me mondo! ¡Me parto!

Antes incluso de la "alegría inducida" por los buenos manjares (tenemos un anfitrión inmerecido) y los mejores vinos y licores, salió el tema. ¡Ah..., que te dedicas a eso de los Protocolos Familiares!

Y yo me resisto como gato panza arriba: ¡que no, que no es eso de lo que va mi trabajo con las Familias Empresarias!

Dentro de la amigable charla, surge la visión cruzada del tema por varios de los amigos. Algunos de ellos "ex" de alguna gran firma jurídica; y otros sufridores-competidores de las prácticas de alguna de estas grandes firmas.

Uno, en particular, con una gracia y simpatía innatas, lo clavaba: ¡Cuántos Protocolos Familiares hemos colocado! Venga, y otro. La gente no tenía ni idea de que iba aquello; y más bien todos sabíamos que no valía para nada; regulaciones incluso histriónicas sobre el uso del móvil por los primos... ¡Pero unas facturas, cómo alegraba aquello los resultados de la oficina!

Y ¡todos felices! El cliente había comprado lo que quería y nosotros habíamos cubierto objetivos, con un producto facilísimo.

Otro compañero elevaba al cubo la apuesta... ¡No os podéis imaginar! En mi ciudad se vendían como rosquillas; esta firma "los colocaba" paquetizados y en el expositor (como los chocolates) te ofrecía distintas concentraciones: con leche, chocolate puro al 50 por 100; o cacao concentrado al 99 por 100 (¡amargo, eh!). Los precios, desde un pastizal por cuatro chorradas en un papelito mal encuadernado (nunca menos de 30.000 -doy fe-); hasta una ordinariez de pasta por el modelito "blindado" (¡ya sabéis, con cristales anti-bala, y protección de acero con teflón en los laterales!).

La moda de los Protocolos Familiares, que quizás algo haya tenido de bueno, ha dejado un erial detrás de sí: ¡tierra quemada! Además, las inconsecuencias técnicas de muchos de estos papelitos y su "incoherencia estructural" desde un planteamiento simplemente jurídico son escandalosas; y esto si que tiene "pecado" cuando te lo vende un super-despacho de abogados (Las Super-Escuelas-De-Negocios están en otra liga, en la que la incoherencia jurídica se presupone, ¡con perdón!).

Ahora trabajar con Empresas Familiares EN SERIO es mucho más difícil. Ya tienen el papelito que les colocó "el super-mega-despacho"; y ya no se creen nada. El efecto de estas prácticas profesionales ha sido generar una tendencia de "rebote" e "involución": ¡todo eso no sirve para nada!, ¡aquí se hace lo que yo diga!, o ¡ya estuvieron vendiendo la moto otros, y no queremos más motociclismo -que es muy peligroso... "para la cartera"-!

Pero todavía me falta algo, para terminar de "desahogarme": ¡¡GUARDATE TU MALDITO DINERO PÚBLICO!!

Desconfío, por principio, de la intervención del dinero público en la empresa. ¡Distorsiona SIEMPRE! Y no me hacen competencia "desleal"... ¡cuando están de vacaciones! Pero este no es el tema hoy.

El tema son la SUBVENCIONES para PROTOCOLOS FAMILIARES. Sí, sí, tal cual lo digo. Y luego, en la Cámara de Comercio de tal ciudad, explican casos de Protocolos Familiares de éxito (¿¿??) el Director General de la Comunidad Autónoma (que pone la pasta) y el "Abogado-Consultor-Asesor" o el "Socio del Super-Mega-Despacho", que será el que se lleve la pasta. ¿Un negocio redondo para todos?

NO. Para la Empresa Familiar, NO. Y para quienes intentamos dignificar algo esta profesión de Consultoría de Empresa Familiar, ¡pues, oye, TAMPOCO!

Antes al contrario, ¡incluso va a acabar pareciendo que "ellos" tienen razón! ¿Cómo no va a tener razón tanta gente tan importante, super-socios, super-directores generales, super-directivos de organizaciones empresariales...

Al final, en la reunión de antiguos amigos y compañeros, pasamos de los buenos vinos a los mejores licores, y a medida que "baco" nos balanceaba, nos olvidábamos de todo esto. Claro que sí, ¡que los pobres socios de los super-despachos tienen que cubrir sus objetivos, que la crisis es para todos, y que el empresario familiar tiene lo que quería! ¿No?

Pues eso, ¡todos felices, hasta que nos veamos en el juzgado y en los periódicos!

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