¡Pilota tú! En tu educación no dejes que nadie tome decisiones por tí.

 

¡Pilota tú! En tu educación no dejes que nadie tome decisiones por tí.

Tengo que reconocerlo y comenzar por aquí: cada vez que he intentado redactar unas primeras notas sobre EDUCACIÓN, me he atascado. No soy capaz. Es algo que me supera, se me va de las manos y acabo autocensurándome sin remedio: otro folio a la papelera.

Pero sigo queriendo escribir sobre educación; se podría decir que es lo que MÁS ME PREOCUPA, es el centro de nuestras preocupaciones familiares. Y esto no es solo literatura: ha marcado nuestra evolución familiar desde el momento UNO.

Mis experiencias docentes, como profesor, han sido radicalmente antagónicas. Comparar lo vivido en aquella Facultad de Derecho de la Universidad de Navarra en los años 90 (estuve allí hasta el 2001), bajo el magisterio sabio y la tutela humanística del prof. Simón Acosta; comparar aquello con lo que luego sufrí en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santiago de Compostela, es imposible. Prefiero no comenzar con los nombres y las anécdotas compostelanas por ahora.

Quienes me han conocido en la experiencia docente santiaguesa (miserable a más no poder, para mí) me han oído confesar alguna vez que no habría fracaso más grande en mi vida, como padre, que ver a alguno de mis hijos estudiando Derecho en ese centro (centro en el que, por cierto, yo mismo estudié con cierto aprovechamiento). Obviamente, esto no deja de ser una "boutade": la educación y el desarrollo personal depende de las personas, no de los centros. Aunque, desde luego, el centro, el entorno, la cultura educativa del ambiente, la actitud del profesorado, la influencia de los compañeros..., claro que importan.

He puesto varios miles de quilómetros entre Santiago y la educación de mis hijos, por ahora. ¡No vaya a ser que se cumpla aquello de que..., y acabe teniendo que arañarme las venas, o yo que sé!

Lo cuento así, para que nos situemos. Por supuesto, he coincidido con tipos brillantes y ejemplares en la USC; algunos profesores que todavía conservaban la dignidad profesional y la ilusión por la docencia (pocos las dos cosas al mismo tiempo).

Pero hoy quiero comenzar mencionando a la otra parte; a la de algunos chavales "fuera de serie", tipos brillantes con un futuro prometedor, si no estuviese embargado por la estupidez que les rodea. Estupidez que va desde el Derecho Romano, convertido en un sexto año de carrera...; hasta la obsesión por las oposiciones, algo por otra parte natural en la sociedad más acomodaticia, autocomplaciente y enferma que...

Siempre me ha gustado conversar con la gente joven; en Pamplona en los noventa era parte del ADN de aquellos programas, donde nos implicábamos personalmente con los "alumnos", colegas solo un poco más jóvenes, decía ya entonces, hoy colegas de alto nivel repartidos por el mundo.

De esas conversaciones de café (sorprendentes para muchos de los alumnos de la USC, y más sorprendente para mí que fuesen sorprendentes para ellos), salía siempre información mutua. Yo no me cortaba en aconsejar y compartir experiencias, claro, ese era el señuelo... Porque lo gordo era lo que yo aprendía a cada paso: como ve la vida, la educación, la Facultad, el futuro, un chaval de 22 tacos que va sobrado de talento, capacidad, vocación, fortaleza...

Uno de estos tipos singulares aceptó un consejo mío, de esos "rompeesquemas"; y todavía me recordaba que un día le dije -yo no lo recordaba, claro, hablo demasiado como para recordarlo todo- que, a su edad, eso de "dormir por la noche" era algo completamente secundario. Y me lo contaba porque se estaba acostando a las 2 o 2:30 de la madrugada cada día, para terminar de preparar los casos prácticos en el Máster; y a las 7:30, en danza otra vez, porque no se admite ni el más mínimo retraso en las sesiones presenciales.

Trabajó en verano limpiando lavabos en Londres (es broma -la entiendes si has leído noticias sobre un doble licenciado en esas circunstancias en las últimas semanas-)...; pero sí, estuvo trabajando en Londres, impulsando su inglés, esa vertiente internacional que luego deberá cultivar de forma permanente si quiere hacerse un hueco significativo en el mundo profesional que le espera.

Y sí, ha tenido que poner encima de la mesa una millonada.

Aquí está el truco: ¡las cosas cuestan! Cuestan en esfuerzo, cuestan en valentía y cuestan en dinero. Sí, "surprise": ¡la educación no es gratis!

El bueno de Parra (socio inseparable, en la salud y en la enfermedad, etc., etc.) dice habitualmente que el único sitio donde el ÉXITO está antes del TRABAJO es..., en el DICCIONARIO.

En un cariñoso correo, hace unos días, me antiguo alumno y ya viejo amigo contaba: Amancio (traduzco del gallego original), "este Master está a años luz de lo que se hace en la USC. La carga de trabajo es brutal y la calidad docente de los profesores (puntualidad, calidad de las exposiciones, implicaciones con los alumnos), es un mundo aparte".

Lo triste es que, así es. He participado en varios lados de la oferta de postgrado en la USC; es algo manifiestamente mejorable (bueno, es patético), y quizás no pueda ser de otra forma con los recursos y el enfoque que se emplean.

Lo patético es ver a gente joven malgastando años de su vida en cosas que no sirven para nada..., ¡y que ellos no lo saben! (Algunos sí, claro: se dan cuenta pronto)

Y ¿por qué no lo saben? ¿Se han preocupado por asumir el timón de su formación y su progreso educativo y profesional? ¿O se han aborregado y solo hacen lo que les dicen?

Salí de Santiago en 1991; yo también hice un Master. No tenía un duro. Conseguí un préstamo. Devolví el préstamo. Aquí sigo, dando guerra. Y tomando ejemplo. Y sí, ¡también dando consejos!: no dejes que decidan por tí, ni los periódicos, ni los políticos, ni los amigos, ni tus padres, ni nadie. Si no asumes 100 por 100 la responsabilidad de tu preparación y de tu futuro..., ¡qué narices, luego no te quejes!

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