¿Cancelo la comida? (O sobre el peligro de atragantarse con el propio éxito empresarial en la Empresa Familiar)

 

¿Cancelo la comida? (O sobre el peligro de atragantarse con el propio éxito empresarial en la Empresa Familiar)

El periplo permanente de conversaciones y experiencias, y del análisis e indagación obsesivo sobre cada una de esas conversaciones y experiencias, me va conduciendo a pequeños dilemas, o grandes dilemas.

Me encuentro hoy reflexionando sobre una conversación pendiente, ya programada y con fecha, con una empresaria familiar de éxito.

En esa conversación mi papel consistirá en sí, reconocer la evidencia del inmenso legado de talento empresarial que acredita mi interlocutora; pero, al mismo tiempo, poner de manifiesto graves errores que está cometiendo o está a punto de cometer, por acción o por omisión.

Y ¿quién soy yo?, ¿cómo me atrevo? Si, a los hechos me remito, ella siempre ha acertado; a ella siempre le ha salido bien; ella es el "ejemplo para las escuelas de negocio".

Tal es la potencia de su empresa y su modelo de negocio que en el año 2010 no perdió dinero, que en el año 2011 no perdió dinero... y en el año 2012 seguro que tampoco perderá dinero.

Su empresa es modélica en muchos de sus parámetros fundamentales.

Pero, ahí está el tema, es un auténtico desastre en otros (menos aparentes).

El tema es "la profesionalización": la decisión de profesionalizar, el alcance de la profesionalización, el ritmo de la profesionalización, las implicaciones de la profesionalización para los "no profesionales" (pero dueños). Estamos ante un cambio de modelo "radical"; y en este escenario nuevo, pues claro, las soluciones viejas tienen graves y evidentes contraindicaciones..., ¿o no?

Hace unos días escuchaba en un programa de radio, mientras conducía, a un par de "sabios radiofónicos" teorizando sobre "el milagro Inditex" y la retribución de don Pablo Isla. No me cabe ninguna duda de que, de entre todos los aciertos ejemplares del Sr. Amancio Ortega, la decisión de ceder todo el poder ejecutivo y estratégico (a salvo el dominical, claro) de la compañía al Sr. Isla es la más inteligente y acertada de todas. Pero uno de los "sabios radiofónicos" insistía en cuestionar la labor del "profesional"..., con aquel lacónico..., ¡ya se verá cuando falte el Sr. Ortega si el Sr. Isla es tan bueno...!

La conversación y la argumentación era, directamente, penosa (pero obviaré ese "penoso fenómeno", que daría para enciclopedias enteras).

Porque, aquí está la cuestión que me importa, "éxitos pasados no garantizan éxitos futuros". Antes al contrario, la autocomplacencia con los éxitos pasados y con la propia "varita mágica que todo lo convierte en oro..." hasta la sensación de infalibilidad..., es un grave riesgo: el riesgo mayúsculo de una Empresa Familiar en los momentos críticos del "gran cambio cultural de la profesionalización de la organización empresarial en todos sus niveles".

Es obvio que el Sr. Ortega no es eterno; como tampoco lo era Steve Jobs (creo, y mientras no se demuestre lo contrario). De tal modo que algún día existirá un Inditex sin Ortega, como existe un Apple sin Jobs. Y la empresa de mi "empresaria modelo" también puede seguir existiendo sin ella.

Obviamente, ni Inditex ni Apple tienen nada que ver con "mis" empresas familiares de aquí y ahora. Pero "mis" empresarias familiares de aquí y ahora se enfrentan a dilemas que tienen una esencia idéntica: mi interlocutora ya sabe que una empresa como la que fundó (no en un garaje ni en una tienda de batas en A Coruña) con un puñado de colaboradores no puede funcionar igual que una organización compleja de más de 200 empleados que comercia en varios países.

Pero, en el fondo, ella es quien mejor comprende el "cuore business", ¡qué digo, ella es el "cuore business"! Y por ello, ¿como no va a intervenir en cualquier aspecto de la compañía, en los términos y con el alcance que en cualquier momento le plazca?

En una conversación anterior llegamos a un avance razonable, respecto de uno de sus hijos:

- Sí, Amancio, lo asumo. Si he contratado a un ingeniero especializado para la organización del almacén, no es muy razonable que mi hijo (sin estudios para más detalles..., dato objetivo que, quizás, pudiera no ser relevante) llegue por la puerta con cualquier cliente o con cualquier pedido y ordene a los jefes de almacén mover de aquí para allá cualquier mercancía...

- Vale -digo yo-; entonces ya asumes que si instauras una organización profesionalizada, con un organigrama, con asignación de responsabilidades, con procesos, con sistemas de control, una organización que es la única posible para una empresa de tu tamaño..., ¡no puedes luego ningunear a tu gente! ¿no?

Pues no.

¡Sabéis, el ingeniero se ha ido ya..., creo que al extranjero! Y el Director General, hombre curtido en mil batallas y en mil crisis en sectores industriales de Euskadi..., ¡me ha dicho que si puedo mover discretamente su curriculum...!

Lo cierto es que la empresa sigue ganando dinero, pese a todos los pesares... En un encuentro anterior, también con mesa y mantel, cuando le digo que su saneada cuenta de resultados es un trampolín privilegiado hacia el abismo..., me mira con una sonrisa condescendiente y comenta otra vez..., ¡Amancio, qué cosas tienes, hombre! ¡No te pongas así! ¡Disfruta de este magnífico vino, hombre, que tanta agua no puede ser buena! ¡Y, déjame disfrutar a mí, tío! ¡No me negarás que me lo he ganado, eh!

Y ante estos antecedentes "tan halagüeños...": ¿cancelo la comida?

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