¿Compramos zanahorias para ir al teatro? (Sobre la extrema debilidad de la moral tributaria en España).

 

¿Compramos zanahorias para ir al teatro? (Sobre la extrema debilidad de la moral tributaria en España).

Vamos por partes; primero encuadro el tema, porque vamos a mezclar las zanahorias con el teatro, con los impuestos y con los traslados fiscales -a Navarra por ej.- en búsqueda de regímenes tributarios más beneficiosos. 

Hace unos días hemos comenzado un debate, que ha resultado muy dinámico en interesante en redes sociales, sobre los límites de la planificación fiscal justa y lícita. Vinculada a una reflexión con bases teóricas-dogmáticas, hemos propuesto una pregunta "para todos los públicos" ¿Te trasladarías a Navarra para ahorrar 100.000 euros en impuestos, en una donación que piensan hacerte tus padres?

Frente a esta pregunta hay dos grandes bloques de respuestas: un bloque técnico y un bloque ciudadano.

El bloque técnico tiene, a su vez, dos grandes polos; de un lado, los que defendemos a ultranza la libertad y el imperio de la ley; y, de otro, los que tienden a ver la ley tributaria "grosso modo" como más generadora de obligaciones que de derechos... Pero este es un viejo y largo debate que no toca ahora.

El bloque ciudadano tiende a quedarse en la parte más evidente e impactante, ¡"ojoplático"! La sensación podría describirse como... ¡no me lo puedo creer, a mi me están acribillando a impuestos y no llego a fin de mes!, y quien tenga medios y posibilidades ¿puede ahorrarse un pastizal en impuestos escudriñando en los entresijos de una ley compleja, ajena, lejana? La sensación, correcta -lo son siempre las de cada uno- y legítima y comprensible -faltaría más con lo que estamos viendo cada día, es de indignación y de enmienda a la totalidad: ¡la ley es una mierda, abajo la ley! Claro, aquí digo yo: ¡cuidado, cuidado, que detrás de la ley no hay nada, y aunque en clave jurídica sea evidente, debiera serlo también en clave ciudadana..., y ya son demasiados, y demasiado preocupantes, los ejemplos que vemos de "fuera de la ley"!

Sin embargo, la expresión de sensaciones, individuales y sociales, es fácilmente manipulable. Y me he propuesto un ejercicio, que explicito aquí aun cuando con ello, de alguna forma, pueda abortar parte del planteamiento (la encuesta que, en paralelo, propondremos en DebatesTributarios.com).

Hace unos días saltó a la prensa la "última ocurrencia fiscal" de unos "tipos listos": ¡cómprame un manojo de zanahorias -con IVA al 4- y te regalo una entrada al teatro -evitando el nuevo IVA al 20-!

Esta ocurrencia es directamente una "simulación" (en los términos técnicos de la LGT y en la doctrina del TS -que se pasa de listo más de una vez con esto- y del TC); sí, un supuesto de simulación que constituye una infracción tributaria sancionada por la ley y que, de llegar a las cuantías legales, conduce directamente a la cárcel por delito fiscal.

Y, por otra parte, ¡no es nada novedoso!

Y me salto las complejidades internas del IVA (por ej., esto es una trapallada, porque ese "regalito" sería un supuesto de "servicios a título lucrativo", un autoconsumo sujeto por el que también habría que ingresar IVA a tipo general).

¿Qué ha pasado aquí? Unos señores, con claros vínculos con un Ayuntamiento cualquiera, están cabreados con la subida del IVA en los espectáculos públicos, lo que se ha denominado el IVA cultural. Está claro que la crisis económica llega a casi todas partes; y que llega primero a determinados consumos prescindibles: también ir al teatro. Si a eso añades que el IVA de la entrada se multiplica, es probable que la situación de esa compañía de teatro o de ese  teatro esté abocada al cierre. Los que hemos visto cerrar empresas en los últimos años, día sí y día también, no conseguimos acostumbrarnos; y, en lo personal, casi puedo comprender cualquier comportamiento en la lucha por la supervivencia: en la lucha por la supervivencia, que nadie me venga con reglas y leyes, porque ya hemos llegado al escenario en que solo vale la "ley de la selva".

El siguiente paso es, ¿cómo reaccionamos contra esta medida que nos hunde, ya de modo definitivo e irreversible? Pues ¡vamos a burlar la ley tributaria!

Dicho ya que la solución técnica es "más que dudosa" (diría algo así como que "no lo ha planificado un asesor fiscal con larga trayectoria, seguro"), sólo me queda añadir que, además, no hay nada de novedoso o imaginativo en el plan: llevamos años viendo esa misma técnica aplicada en la reventa de entradas de espectáculos deportivos, con idéntica fórmula de "vendo bolígrafo por 300 euros y regalo entrada del Barça-Madrid".

Pero llegados a este punto, comienza lo que a mí me interesa.

Leo, escucho, veo, a distintos comentaristas, ¡haciéndole palmas con las orejas a esta ocurrencia! En un programa de radio una Sra. alababa la ocurrencia y la gracieta, casi con entusiasmo; y amparándose en un histriónico, "ya lo habrán consultado" y "seguro que la ley lo permite...".

Estupideces en prime time, que es a lo que nos tiene acostumbrado el "pseudo-debate sobre impuestos" en esta sociedad fallida.

Y aquí viene mi alegato contra el maniqueísmo imperante: ¡un alegato contra tanta gente que está dispuesta a decir cualquier estupidez -incluso a perpetrar auténticas indecencias en el BOE- sólo para agradar a quien le escucha, a la audiencia, a "la población"!

¡No me puedo creer que los mismos que se indignan porque dentro de la ley se busque la mejor opción fiscal y patrimonial, los mismos, idénticos, y con el mismo todo, se pongan eufóricos porque otros incumplen directa y llanamente la ley tributaria!

¿Y como se explica este síndrome bipolar? Pues es muy fácil, porque hablamos de "buenos" y de "malos; no de leyes justas o injustas; o de cumplir la ley o incumplirla. Y mucho menos de justicia tributaria que, ahí está el Manifiesto para los Debates Tributarios en Libertad, es un pilar clave para una sociedad en la que el Estado nos invade en nuestra esfera personal, y, claro, "patrimonial".

En el fondo, "los ricos son malos" y todo lo que hagan para escapar del "sobre-mega-esfuerzo" de solidaridad a palos que le exige la ley tributaria española, es malo (nadie quiere saber que el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones en España puede alcanzar tipos marginales superiores al 80 por 100).

Y, mucho más claro, los "culturetas" son buenos, y todo lo que hagan es bueno. Y cuando incumplen la ley tributaria, o cuando cometen un fraude fiscal de libro y como un piano: ¡lo hacen por una buena causa!

Ahora el "ojiplático" soy yo: ¡con lo que me gustaba a mí el teatro...!, ¿por qué narices me habré dedicado al Derecho Tributario?

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