Chantaje afectivo inverso... o de cuando el chantaje es económico y la Empresa Familiar es una "¡cárcel de oro!"

 

Chantaje afectivo inverso... o de cuando el chantaje es económico y la Empresa Familiar es una "¡cárcel de oro!"

La Sostenibilidad Intergeneracional en la Empresa Familiar va indisolublemente unida a la existencia de un proyecto empresarial-familiar conjunto: ¡una proyección de un ideal de futuro empresarial compartido! ¡¡Si solo nos une "la pasta" -y por mucha pasta que sea-, no hay futuro!! Y no hay ni siquiera empresa; y probablemente no quedará casi nada de la familia (solo buitres intentando sacar tajada y repartirse una tarta menguante).

Comprar afectos con dinero es tan antiguo como la historia de la propia humanidad. Vender afectos por dinero, igualmente lo es. Claro, no se puede comprar algo que no está en venta (creo..., en mi inmensa ingenuidad, porque ya se sabe que todo tiene precio).

Hace unos días contaba un episodio patético de chantaje emocional de hijos a padres en la Empresa Familiar. Un episodio real disfrazado, en el que una hija sin escrúpulos (¡bueno, que cada uno juzgue!) utilizaba a sus hijos para condicionar el posicionamiento empresarial de su madre/padre, en un conflicto empresarial familiar serio.

En este caso -en todos, a la postre- el problema no es la hija, sino la debilidad del centro último de decisión y de responsabilidad: el padre o la madre, destinatarios del chantaje afectivo.

Siempre, siempre, los responsables de la Sostenibilidad Intergeneracional de la Empresa Familiar, de cualquier Empresa Familiar, en cualquier sitio, son los padres: ¡no los hijos!

Ah..., ¿y que hacemos cuando el "cáncer" está en los propios fundadores? ¿Que no, que no te lo crees...? ¡Con lo que ellos han hecho para levantar este imperio! ... - Anda, permíteme que me sonría respetuosamente.

Voy a decir algo un poco fuerte (solo constatación y análisis sereno, por otra parte): existen Empresas Familiares no susceptibles de ser proyectadas intergeneracionalmente, porque el fundador es un impresentable. Sí, ¡si el fundador es un impresentable, la Empresa Familiar no es un candidato serio a la Sostenibilidad Intergeneracional! ¡Quien quiera ejemplos, que pida por esa boquita...!

He prometido hablar del Sr. Éxito Potestad (prototipo de maleducado misógino). Pero hoy quiero quedarme con el anciano manipulador que ha re-patentado y re-inventado el arte del chantaje con pasta (con mucha pasta, claro).

En versión actualizada podría ser algo así como "ponerte un Porsche Cayenne nuevo en la puerta" antes de la reunión en la que estábamos a punto de decidir algo importante en lo que mantenías una postura enfrentada con la mía.

La versión un poco más antigua operaba con pisos. Si me das la razón y me haces la pelota, "pisito en Madrid". Si no eres buen chico..., o peor, si no eres buena chica y me llevas la contraria: ¡ostracismo! ¡Cómo te atreves a discutirme nada! ¿Quién te crees que eres? ¡Todo esto lo he levantado yo solito y tú, por muy listillo que te creas, no me llegas ni a la punta del zapato!

Y todos alrededor... ¡Haz caso a tu padre, menganita..., que será mucho mejor para todos!

Y la madre amorosa... ¡Ay, ay..., no os peleéis por esas cosas! ¡Vámonos de compras!

La cárcel de oro en que puede convertirse una empresa familiar de éxito es, claro, garantía de decadencia y colapso... ¿sin remedio?

Desde luego: ¡no hay remedio!

Y entonces, ¿qué recomiendas, qué hacemos? Este es un escenario de "sálvese quien pueda": ¡tienes que ser valiente, si todavía puedes, y poner tierra de por medio! ¡y tienes que ser un poco "perro" y defender tus derechos hereditarios con las mismas armas que los demás... benditos abogados!

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