De cómo la legislación portuguesa del IS soluciona -con acierto- que tengamos que pagar entre todos el Porsche Cayenne que te han comprado a nombre de la empresa.

 

De cómo la legislación portuguesa del IS soluciona -con acierto- que tengamos que pagar entre todos el Porsche Cayenne que te han comprado a nombre de la empresa.

La normativa tributaria portuguesa me ha generado curiosidad, por proximidad, desde hace mucho tiempo. Siempre que puedo hago referencia a una noticia de portada hace un par de años de una publicación de enorme influencia, Vida Económica, en la que se decía algo así como que "Hacienda defrauda a las Empresas".

Confesada mi debilidad por algunos países rescatados, vamos a dedicar unas líneas a alguna medida tributaria que me ha llamado la atención en Portugal.

El tratamiento fiscal de los vehículos en Portugal es, en general, muy gravoso. Pero el tratamiento fiscal de los medios de transporte "no comerciales" es un problema en todos los ordenamientos tributarios.

En el fondo, las Administraciones Tributarias recelan de que las sociedades mercantiles sean plenamente tales; si no existiera ese recelo ("no digo que infundado, claro") las restricciones a la deducibilidad de cuotas de IVA en la adquisición de medios de transporte, o las restricciones a la deducibilidad en los Impuestos sobre Sociedades de cualesquiera gastos relacionados con las flotas de automóviles, no serían tan "abundantes" en la normativa y en la práctica.

Si la flota de automóviles de empresa es tal, y sirve a los fines de generación de valor para los socios que constituye el fin natural de la sociedad mercantil (que, nadie lo olvide, es la obtención de beneficio "transparente" para los socios), no hay justificación para limitar la deducibilidad de gastos (o amortizaciones) o las cuotas de IVA. Y, más todavía, si existe algún tipo de cesión a los trabajadores para el uso particular de esos vehículos, la corrección razonable es por la vía de la sujeción efectiva como renta del trabajo en especie en el IRPF del trabajador (con ingreso a cuenta, si se quiere) y no en la deducibilidad del gasto en el Impuesto sobre Sociedades (aunque esto, claro, es mucho más rápido, cómodo y "cuantitativamente eficaz").

En las grandes sociedades capitalistas, cuando se discute la deducibilidad de gastos, podríamos estar planteándonos una interferencia inadecuada de los poderes públicos: ¿sustituye la Administración Tributaria el control sobre los gestores que corresponde a los accionistas? Claro, esta pregunta nunca se plantea así, sino por la vía de que "cada uno defiende sus propios intereses y funciones, públicas las de unos". Pero, claro, puede verse de otra forma.

En las sociedades pequeñas, o familiares, la mezcla en las condiciones de socios y gestores (bien como administradores o de otra forma conectada) puede difuminar la efectividad de ese fin último. Certifico como las empresas familiares, casi siempre en perjuicio de sí mismas y su sostenibilidad intergeneracional, mezclan la retribución económica pura al accionista con otro tipo de beneficios difuminados... (muchos de los cuales están en el origen de la quiebra de la organización empresarial familiar -en www.adernova.com escribimos sobre estas cosas).

Bien, cuando un chavalito de 30 años tiene un BMW de alta gama aparcado delante de la fábrica de la empresa familiar, matriculado a nombre de la empresa, ¿es ése un coche de empresa que merezca ser fiscalmente tratado como un input ordinario de la sociedad? Ahora mismo la moda son los Porsche Cayenne (antes les tocó a los Audi Q7).

Me he entretenido en el análisis del tema "de fondo" porque hace tiempo que me ocupa, tanto en el ámbito tributario (nuestro libro Régimen Fiscal del Automóvil, Aranzadi, Pamplona, 2005) como en el de consultoría de empresa familiar.

Y en esta nueva era de curiosidad tributaria global, me he detenido en la normativa portuguesa al respecto. El art. 34.1 e) de la norma reguladora de su Impuesto sobre Sociedades (Código do Imposto sobre o Rendimento das Pessoas Colectivas) contiene una limitación directa, cuantitativa, a la amortización de medios de transporte.

En concreto, no se consideran deducibles las depreciaciones, la amortización, de vehículos ligeros de pasajeros o mixtos (con referencia incluida a la "entelequia todavía" de los eléctricos) en la parte que corresponde al coste de adquisición (o "valor de reevaluación") que exceda de la cuantía que fije el Ministro de Finanzas.

En materia de barcos de recreo y aviones de turismo se rechaza la deducibilidad, en la medida en que no estén afectos a explotaciones de servicio público de transportes o a explotaciones de alquiler de vehículos, que sean la actividad normal del sujeto pasivo.

Esto es, la normativa portuguesa del Impuesto sobre Sociedades (IRPC) soluciona la delicada cuestión de "cual parte" de los coches de empresa es "de empresa" y cual "de uso personal del empresario" de una forma directa, sencilla y segura. Y cuantitativamente nada irrazonable en origen (30.000 euros, luego elevada a 40.000 y reducida a continuación): hasta la cuantía de 25.000 euros se admite la amortización, todo lo que supere dicha cifra no tendrá la consideración de gasto deducible.

La cifra de 40.000 euros fue la vigente a partir del 1 de enero de 2010 (Portaría núm. 467/2010, de 7 julio, que regula los años 2010, 2011 y 2012); pero se preveía su reducción para el año 2011 a 30.000 euros, y para el año 2012 a solo 25.000 euros. Es un poco "broma" que las cuantías se eleven escalonadamente para los vehículos de propulsión eléctrica, exclusivamente (40.000, 45.000 y 50.000 euros respectivamente).

Pero en el fondo, bajo este planteamiento normativo subyace, incluso explícitamente, una reacción normativa contra la adquisición de vehículos de uso personal a nombre de sociedades mercantiles, pretendiendo su deducibilidad fiscal. Y es evidente que el empresario y sus colaboradores directos (sean o no familiares) se mueve y deben utilizar un vehículo para realizar sus actividades, comerciales, representativas, o de la naturaleza que sean... Pero una cosa es tener "movilidad" y otra comprarse un Cayenne para el chico y que "Hacienda" (esto es, todos) pague la mitad (entre la deducibilidad fiscal en el IS del coste y las cuotas de IVA deducibles): ¡un despropósito!

La solución portuguesa, con sus claroscuros -que no entramos en detalle a verlos, claro (lo dejamos para los propios operadores portugueses)- tiene una virtualidad envidiable: la seguridad y la mesura. ¡Que las cosas estén claras y sean razonables... qué difícil parece a este lado del Miño!

Categories: 
Top