Empresa Familiar al borde de un ataque de nervios: ¿el éxito como causa del fracaso?

 

Empresa Familiar al borde de un ataque de nervios: ¿el éxito como causa del fracaso?

Hace años vengo analizando situaciones de empresa familiar que, al inicio, me generaban perplejidad: ¿con lo que él ha sido, con todo lo que ha conseguido, con todos los aciertos increíbles que acumula..., cómo puede haberle dado la vuelta por completo al escenario, de error en error, de victoria pírrica en victoria pírrica, hasta la decadencia irreversible y la derrota final?

Por sanidad intelectual evito formular teorías abstractas, más allá de los juegos de palabras con vocación sólo ilustrativa o ejemplificativa. Así que vivo en plena paz interior con mis propias perplejidades, que a la postre no dejan de ser un ejercicio sanísimo de "saberse" embarcado en una nave frágil y de timón huidizo.

Como va siendo costumbre en mis exposiciones, en muchos asuntos de Empresa Familiar, ¡ni siquiera yo soy capaz de arreglarlo! Y, sí, ¡con lo que yo he sido! (Conste, he sido más joven e inconsciente).

Mi empresario familiar de hoy es un Sr. de Éxito. De hecho, creo que si no tenía "éxito" por apellido al nacer, se lo fueron poniendo con el paso de los años.

Don Éxito levantó un imperio empresarial (su imperio), desde la nada. En todo gobierno de organizaciones humanas se conjugan, en proporciones variables la "potestas" y la "autoritas" (que decían los romanos, y que a los profesores de Derecho nos gusta tanto).

Nuestro empresario de hoy tenía "Autoritas" por segundo apellido. Sí, el Sr. Exito Autoritas se había ganado el respeto de todos por su talento empresarial (sin gritos -otro día hablaré de don Éxito Potestas-): todas sus decisiones empresariales, adornadas con éxito y más éxito, habían ido generando un "aura de infalibilidad" que, a la postre, fue el principio del fin (como era de esperar).

A su alrededor, en sus equipos de colaboradores, entre sus hijos, entre sus socios en variadas iniciativas, la "tendencia natural al debate" se debilitaba: ¡siempre acierta!

Craso error: ¡no existe el "acierto hominen", o el hombre que siempre acierta! El acierto sale de la confrontación dialéctica de ideas y conocimiento, de análisis antagónicos de una misma realidad, observable desde prismas distintos o incluso incompatibles.

Don Éxito Potestas fue de acierto en acierto, hasta que en su "aura de infalibilidad" nadie osó discutirle, cuestionarle, preguntar dudas, sobre su "última decisión". Su última decisión "visionaria" no había por donde cogerla: una inversión de más de 3.000.000 en una máquina para fabricar cosas que nadie necesitaba, en un mundo y una industria cuyas necesidades cada vez conocía menos (cosas de la edad), y con una sensación de temor al riesgo absolutamente reducida a la nada (un sistema inmune absolutamente deprimido por la dopamina del éxito perpetuo).

¿Visionario o loco? Quizás esa pregunta valga para iGod... (San Steve Jobs, con todos los respetos para todos). Del cielo empresarial hacia abajo, ¡cuidado!: No hay un visionario en cada ciudad. No, ¡tu padre no es ese visionario! Debes discutir y enfrentarte con él: ¡ése es tu bautismo de fuego en la lucha por el liderazgo empresarial familiar, y la última oportunidad en la batalla por la SOSTENIBILIDAD INTERGENERACIONAL en tu Empresa Familiar!

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