Fraude Fiscal vs. Corrupción: ¿dos caras de la misma moneda?

 

Fraude Fiscal vs. Corrupción: ¿dos caras de la misma moneda?

Se acaba de publicar en el BOE la última Ley de Medidas contra el Fraude Fiscal. Me ha enternecido especialmente el video del Ministerio de Hacienda con el que se presentan las medidas.

Como siempre, muy buenas intenciones y más que dudosos resultados prácticos. Esto puede decirse, además, sin ni siquiera leer la Ley ni conocer el contenido de sus medidas específicas; leyéndolas, el juicio sobre las medidas adoptadas tiene, como todo, claroscuros. Objetivos loables, dureza quizás necesaria... E incluso medidas realmente positivas y plausible.

Pero antes de un enfoque de análisis técnico, quiero proponer una reflexión genérica en clave histórico-legislativa y social.

El fraude fiscal es claramente endémico en España. No sé si se puede decir que el fraude fiscal es propio de sociedades subdesarrolladas o primitivas; pero, en todo caso, es la expresión de un claro fracaso de la legitimación del "nosotros", de la sociedad organizada, frente al "yo". España es un extraño país en el que los ciudadanos, al mismo tiempo que desconfían del Estado y sus representantes, piden más Estado y más intervención pública en la solución de todos los problemas, muchos de los cuales son creados por ese mismo Estado hiper-presente... Un círculo social-vicioso que solo anima al exilio.

Una nueva Ley pretende atajar el Fraude, con mano dura, con la dureza de la represión penal como bandera. No es una novedad: la extremada dureza administrativa y penal contra el fraude fiscal son una constante de la historia legislativo-tributaria de España desde la transición; y además, con un paralelismo enfermizo entre amnistías fiscales y sobre-represión de los hipotéticos defraudadores. Y década tras década, el mismo resultado: ¡gran impostura, nulos resultados!

En el mundo de la consultoría, en escala empresarial y no social, una y otra vez nos empeñábamos, obsesivamente, por ajustar el diagnóstico al máximo y testearlo hasta la plena seguridad: sólo luego las medidas para atajar las patologías resultantes.

¿Por qué hay tanto fraude fiscal en España? Perdón, esta pregunta es una falacia: ¡no está demostrado que en España exista una "barbaridad" de fraude fiscal, porque todas las extrapolaciones de datos que se ven por ahí van siempre asociadas a un concepto de "fraude fiscal" interesado y a intereses corporativos.

Pero sea como sea, mucho o poco, el fraude fiscal debe tender a cero, o casi. Dejo un margen para el casi, y ya sé que en el límite de lo "socialmente aceptable": hay un umbral de subsistencia en negro que ojalá la sociedad pudiera corregir, no para evitar el fraude fiscal, sino para certificar que ningún conciudadano tenga que vivir en umbrales próximos a la indigencia que son, por definición, negros. El dinero negro no es, en estos casos, un problema para la sociedad: es un problema para las personas que se ven arrastradas a los sub-mundos de la economía sumergida, donde no hay progreso posible, solo supervivencia en el límite, con suerte...

Fuera de eso, lógicamente, la resistencia de los componentes de una sociedad al pago de impuestos debe tener una causa. ¿Por qué los ciudadanos españoles se resisten al pago de impuestos (de forma tan bestial, si se aceptan las cifras de fraude que nos cuentan)?

La corrupción y la desconfianza son una buena explicación. También la injusticia percibida del propio ordenamiento tributario, su salvaje tendencia al expolio; también el despilfarro público sistemático (expoliado.., ¿para qué?); también que el dinero de los impuestos vaya para los amigos (subvenciones claramente "orientadas", planes de gasto que son solo "compra de votos"), no para los pobres; también que los servicios públicos que se reciben no se perciban como "adecuados", y un largo etcétera.

Pero quiero quedarme con la corrupción, en sus diversas variantes.

En el plano teórico, los estudiosos del Derecho Financiero y Tributario se han empeñado siempre en concectar, como dos caras de la misma moneda, el deber de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos (del art. 31.1 CE) con el art. 31.2, que exige una asignación equitativa del gasto público. El pequeño problema, nunca resuelto, es que la parte uno se ejecuta inmisericordemente con todo el poder del Estado; y que la parte dos es completamente "un brindis al sol".

Ya no son dos caras de la misma moneda. Y, además, el "mercado político y de opinión pública" fuerza la hipertrofia de una sociedad anestesiada, capaz de demandar más y más servicios que..., ¡alguien pagará en el futuro, probablemente los nietos de los vecinos...!

Y cuando todo se ha ido de las manos, por irresponsabilidad de unas clases dirigentes que son, en sí mismas, una inmensa burbuja de ineptitud, nepotismo, solo equiparable al extremo grado de decadencia de la sociedad a la que representan..., ¡toca freír a impuestos a todo lo que se mueva para "detener" la caída al abismo!

¿Cómo no va a haber fraude fiscal, en una sociedad profundamente tardo-franquista, cuyos miembros han abandonado las auto-exigencias mínimas de responsabilidad individual y de responsabilidad familiar, y solo piensa en "lo que tienen que hacer los otros"? Si los ciudadanos han abdicado de su condición de ciudadanos y solo se contemplan a sí mismos como "clientes de los políticos", y como tales clientes, indefensos antes los políticos igual que ante las multinacionales de "call center", ¿qué podemos esperar?

Pero, dicho esto, la idea esencial que quiero compartir sobre el diagnóstico certero de la raíz profunda del fraude fiscal en España es la que relaciona directamente "actitud personal ante los impuestos" y "realidad percibida sobre corrupción social y política".

Todos hemos visto más de una vez como las actitudes individuales de engaño a grandes corporaciones "apisonadora" son vistas como "heroicidades ciudadanas". El que vence a Telefónica, el que consigue tumbar a Ryanair, el que "se la cuela" a Gas Natural, el que consigue burlar al Santander..., ¡nuestros nuevos heroes!

Si como ciudadanos nos consideramos también más clientes-súbditos que personas libres e iguales en dignidad y derechos, ¿cuál es la reacción lógica? El intentar colársela también al Estado opresor.

Y, ¿se merece el Estado opresor que los ciudadanos desconfíen e intenten burlarlo? Cada uno en su ciudad tiene un puñado de ejemplos que demuestran la metástasis profunda en que ha caído una organización mastodóntica que se considera un fin en sí misma. En Asturias, por ej., a la bronca del Niehmeyer (que es mejor no conocer) se suman décadas de corrupción en todas las compras de los colegios y universidades.¡Ah!, ¿que Vd. no se había enterado de ésta...? Da igual, seguro que tiene ejemplos en su pueblo. En Galicia hemos conocido como funcionaba el sistema de contratación de servicios públicos de Ayuntamientos, con Rolex, dádivas, sobornos y de todo...

Da igual que vayan a la cárcel o no, aquí la presunción de inocencia, como concepto de máxima garantía en el ámbito penal, no es relevante: lo que ha ocurrido, es evidente que ha ocurrido, y si no la culpabilidad penal de unos concretos responsables, sí está acreditada la corrupción galopante que invade la Administración.

Pero, sin llegar a lo patológico, cualquier de nosotros puede comenzar a cantar supuestos de "subvenciones legales" inconcebibles: el restaurante-lonja financiado con 1,5 millones de fondos públicos, la planta de tratamiento de pescado que ha "pescado" 3,5 millones y luego resulta que era un caco perseguido internacionalmente... los concursos eólicos apañados explícitamente, porque tú puedes redactar los pliegos para que la adjudicación caiga del lado que tú has pre-decidido... Todo legal, todo infumable...

¿Y van a meter a alguien en la cárcel por oponerse a todo eso de la única forma posible, que es intentar poner "tu patrimonio" a recaudo de este expolio con fines espurios y destino inconfesable?

Estoy seguro de que en un plano de legalidad formal y de "defensa del Estado" y su supervivencia en la Comunidad internacional..., estoy seguro de que para evitar males mayores y el retroceso de la sociedad española más de 50 años atrás..., para todo ello la impostación pública de dureza contra el fraude fiscal y la estabilización de las cuentas públicas es imprescindible, más allá de cualquier otra consideración: todo lo demás no importa, incluido eso que me ha importado siempre tanto de "los derechos y garantías de los contribuyentes". La "Razón de Estado" es esto, y es lo que tiene...

Ahora bien, que nadie se llame a engaño. La tendencia sociológica al fraude fiscal entronca con la abismal distancia entre "aparatos" y "ciudadanía"; si el Estado es ese monstruo que nos aplasta, ¡que nadie piense que los ciudadanos van a intentar "relajarse y disfrutar", sin oposición! Se pagan los impuestos imprescindibles, cuando no queda más remedio (y por quienes no tienen más remedio ni opción), y porque la AEAT funciona como un reloj, con unos mecanismos de control y unas informaciones cruzadas de primer nivel mundial...; y con un punto "killer" que la convierte en la Administración más eficiente del mundo (o casi). Vale que el respeto a la legalidad y a los derechos de los ciudadanos, en ese contexto, no es una prioridad para nadie, ni a nivel político ni a nivel administrativo.

¿No van viendo Vdes. cómo se retroalimenta el círculo social-vicioso? Llevamos toda la democracia conviviendo con un "alto" fraude fiscal, y episodios periódicos de gran impostura político-legislativa en la lucha contra el fraude... Tengan claro que tampoco éste va a cambiar las cosas. Dentro de diez años seguiremos hablando de lo mismo... ¡Porque el trasfondo infeccioso sobre el que se asienta esta costra de pus, no ha cambiado ni es previsible que vaya a cambiar!

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