La "Caja de Pino" y la Pulsiones Autodestructivas en la Empresa Familiar (¡cuando con el material humano que tenemos no hay nada que hacer!).

 

La "Caja de Pino" y la Pulsiones Autodestructivas en la Empresa Familiar (¡cuando con el material humano que tenemos no hay nada que hacer!).

El buenismo imperante en las aproximaciones a la Empresa Familiar (tips relativos a "best practices") tienen una clara justificación desde el punto de vista del "negocio": sólo con la esperanza de que "esto se va a arreglar" cabe que la empresa de consultoría o el consultor pueda colocar su "Protocolo Familiar".

Cuando, además, los poderes públicos destinan fondos públicos (de esos tan escasos) a potenciar ese buenismo, ¡me dan ganas de emigrar! (¿Como podemos estar gobernados por tanto tonto útil? -Tengo prometido hablar sobre el IGAPE y su actuación en materia de Empresa Familiar, y lo prometido es deuda, o antes lo era-).

Pero en lugar de contar "lo bonito", "lo que se debería hacer", las "mejores prácticas" o los "bálsamos de fierabrás varios", yo prefiero mortificarme con el lado oscuro, como ya es bien sabido a estas alturas de "blog". Y mi conclusión es "poco pastelosa": ¡un montón de empresas familiares no son viables en segunda y ulteriores generaciones! Y no hay nada que hacer al respecto; bueno, sí, ¡huir lo antes posible, si es posible!

Hace un tiempo me tocó explorar una situación de empresa familiar "aparentemente fácil", a efectos de pre-evaluación y pre-análisis. Si, pre-evaluación y pre-análisis: hace tiempo que no me comprometo a trabajar con ninguna familia sin saber antes qué es lo que ocurre "allí dentro". Porque la superficie "apacible" en la que "todo va bien", "nos llevamos todos bien", o "no hay ningún problema, sería solo una actuación preventiva para la siguiente generación"... ¡todo milongas! Yo, si no lo veo, no lo creo.

La situación "aparentemente fácil" escondía un "sustrato imposible", hasta el punto de certificación de la inviabilidad real de la compañía en un contexto económico delicado (cuando la pasta surge de debajo de las piedras las empresas "aguantan de todo").

Habíamos establecido un protocolo de aproximación muy suave e informal, para ver como respiraba cada uno de los miembros de la familia. En la segunda reunión... ¡me llevaba las manos a la cabeza! Uno ya cree que ha visto de todo (robos, hijos ilegítimos, traumas por abuso físico y moral...); pero la realidad siempre tiene capacidad para desmentir y sorprender. Estábamos en el despacho, conociéndonos, olisqueándonos, cuando mi interlocutora, "propietaria y miembro del staff" en la compañía comenzó a intensificar el tono emotivo de la conversación, de las quejas y reproches con la familia, de los agravios e injusticias sufridos, de los rencores acumulados..., ¡hasta el llanto y el grito!

Hasta aquí nada nuevo. Motivos de queja siempre hay; motivos para el reproche a los padres, a las madres, a los hermanos o a los cuñados, siempre se pueden encontrar, quizás muy razonables y seguro que un montón...; y hasta es habitual que se hayan acumulado agravios, celos, injusticias, distinciones y discriminaciones... Nada de esto es todavía suficiente para rendirse y certificar un ¡GAME OVER!

Lo que no tiene arreglo es el desequilibrio personal en una posición de poder -vinculado a la propiedad-. Mi interlocutora no podía perdonar a la "familia" (a sus hermanos y a sus primos -los padres, ya fallecidos, no hubiera cometido tal injusticia (sic)-) que no se hubiese considerado la candidatura de su hijo para incorporarse a trabajar en la empresa a los 18 años (claro, sin estudios ni capacitación alguna). Y, decía, de ese rechazo injusto había derivado una situación terrible, se había preparado para ingresar en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y estaba trabajando en la Policía Nacional en una gran ciudad..., ¡cualquier día me lo traen en una caja de pino, y será responsabilidad de la empresa familiar!

¡Game Over! Cuando una persona con este hilo argumental (sostenido -porque un momento de locura y desahogo puede tenerlo cualquiera-) ostenta una posición significativa en la propiedad de una empresa familiar, ¡el futuro está muy negro!

Cuando se aproximaban a mí venían con la intención de "contratar un Protocolo Familiar" y de hecho ya tenían un presupuesto de unos "Consultores Amigos", para iniciar un proyecto.

Los milagros no existen. ¡A veces hay que reconocer que no hay nada que hacer!

¿Que esto no es lo habitual? Bueno, yo no me atrevería a hacer estadísticas. Y, mucho menos, me fiaría de las apariencias y de las buenas caras o las fotografías de "unidad familiar".

¿Que esto no tiene arreglo? Pues, no, no y no. Ahora no. Quizás hace años, cuando los fundadores o el fundador o la fundadora, conservaban la lucidez y un poco de criterio o sentido crítico, y fuerza moral, entonces, hace muchos años, podrían haber canalizado las cosas de otra forma y haber evitado este desenlace. Pero una vez que se pasó el "punto crítico": ¡sálvese quien pueda!

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