La Empresa Familiar NO ES un INFIERNO: se CONVIERTE en un INFIERNO cuando se hacen las cosas mal (aunque sí, ocurre demasiadas veces).

 

La Empresa Familiar NO ES un INFIERNO: se CONVIERTE en un INFIERNO cuando se hacen las cosas mal (aunque sí, ocurre demasiadas veces).

Érase una vez una familia empresaria que...

... creía que "lo natural" es pelearse, sacarse los ojos, arrancarse los pelos..., y arruinarse.

Llevo una temporada "triste" (no triste "yo", sino triste "la temporada"): ¡no hago más que encontrarme con gente que me da el "pésame" por mi trabajo con empresas familiares!

- ¡Qué humor le echas, eh!

- Pero, ¿tú como te atreves a meterte en "eso"?

Y, a continuación, viene la "explicación". Todo el mundo tiene, para mí, un cursillo acelerado de fatalidades propias o ajenas, acaecidas en Empresas Familiares. Desde el tópico más barato de "fulanito sí que era un empresario-bandera, pero con los hijos se estropeó todo..., unos niños mimados, no tenían "sangre"..., además luego entraron las cuñadas...".

Hace unos meses tuve el "privilegio" (que recordaré y agradecerá tantas veces como ocasiones tenga) de participar en unas Jornadas sobre Nuevas Estrategias en la Organización Empresarial organizadas por la Cátedra de Innovación de la Universidad de La Rioja (don Julio Blanco es un personaje de esos que "uno" no podría perdonarse no haber conocido).

Me he traído muchas sensaciones de "un par de días en Logroño" (y solo unas pocas relacionadas con Baco). Una primera, tangencial para el tema que nos ocupa hoy, no puedo resistirme a mencionarla ya (y más veces lo haré): ¡el papanatismo de "lo políticamente correcto"! Se me ocurrió decir algo así como "dejémonos ya de patochadas, ¡las empresas están para ganar dinero!"... y se hizo un murmullo en la Sala... Claro, poco antes estábamos con eso de que la empresa tiene como misión generar empleo, o aportar valor a la sociedad... o ese millón de chorradas patéticas que se escuchan y se leen tan repetidamente. ¡Todo porque parezca que queremos quedar bien..., porque en el fondo, no existe ninguna empresa que no nazca de la sana ambición por ganar dinero, todo el dinero que se sepa y se pueda! ¡Faltaría más! Hasta donde yo recuerdo ¡ganar dinero es bueno, no hace daño a nadie! (Lo malo era robar, ¿no? -lo digo porque el fantasma de la corrupción parece que me persigue-)

Pero la otra sensación es una sensación de rendición, fatalismo o predestinación en el ámbito de la "quiebra de la empresa familiar por CONFLICTO-SUCIO".

Claro, a poco que uno lea los periódicos, puede llegar a la convicción de que eso siempre es así...; ¿cómo puede ser que las familias empresarias de "Galletas Gullón", "Eulen-Vega Sicilia", "Faustino Martínez", "Chivite"... o tantas otras que hacen el ridículo público y publicado, no hayan sabido hacerlo "mínimamente bien", o por lo menos "mínimamente discreto"?

Una de mis conversaciones en Logroño (en Calahorra en realidad), breve pero ilustrativa, fue con un compañero que me atestiguaba cómo habían intentado llegar a un acuerdo para hacer un "Protocolo Familiar" en su empresa. Les habían reunido-encerrado a todos en una Sala de un Hotel, en el sótano, y... ¡los gritos debían oírse en el tercero, porque bajaron del Hotel a pedirnos moderación y a preguntarnos si había que llamar a la Policía!

Ya sabéis que me encanta mencionar mi "bolita de cristal de salón que adivina el pasado con precisión".

Mi bolita es infalible (salvo cuando se equivoca) y tiene una máxima que me cuesta rebatirle: ¡cuando las cosas se hacen mal, terminan mal! Mi abuela exclamaba aquello de ¡tarde, mal y arrastro! para afear a "mis primos" (yo siempre lo hacía todo en plazo, bien y con mucho estilo).

Cada vez que alguien me cuenta una batalla sobre un desastre en una empresa familiar, mi bolita de cristal de salón (sí, la que adivina el pasado con precisión) detecta al instante el "momento de la gran pifia". En toda empresa familiar "en graves problemas" hay una "semilla de pus" que, vale, que a nadie le pareció grave, que no tenía mucha importancia, que no era tan urgente, que tampoco había porque andar metiendo el dedo en el ojo ("ah..., si Mouriño nos leyese"), que si todos estaban de acuerdo, ¿por qué teníamos que ponernos tan ortodoxos? Ah..., o ¿pero por qué no le das lo que te pide, y así nos deja en paz y podemos seguir trabajando?

Sí, aquella pequeña tontería termina con dos hermanos pegándose en medio de la planta con los perfiles de aluminio que, poco antes, fabricaban juntos con enorme éxito de ventas y beneficios...

NO, ¡lo certifico! La Empresa Familiar no es el INFIERNO; ni siquiera es UN INFIERNO..., ¡sólo que SI HACEMOS LAS COSAS MUY MAL, es lógico que terminen como el rosario de la aurora! Y eso que a veces hay suerte, y por mal que lo hagamos, resulta que "la máquina aguanta lo que le echen"...

No quiero que nadie me compadezca por dedicarme a los líos de "la Empresa Familiar". De hecho, NO LO HAGO. A veces evalúo situaciones de empresas familiares "al borde del precipicio" y testeo la posibilidad real de "evitar el naufragio" (con bronca familiar irreversible y quiebra patrimonial inevitable)... ¡pero cuando me llaman en una de estas circunstancias, casi nunca hay nada que hacer...! Y mi bolita de cristal de salón, ya no sirve para nada.

La cuestión es otra: ¿cómo establecemos en MI EMPRESA FAMILIAR un sistema de "alertas y prevención ANTI-PUS"? Porque lo que está claro para casi todos es que las oportunidades y beneficios (en términos estrictos de generación de riqueza patrimonial) que para cualquier miembro de la familia produce la Empresa Familiar..., no será nada fácil encontrarlos "ahí fuera" (¿O sí?)

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