La normativa sobre acceso a centros docentes financiados con fondos públicos, ¿justifica el fraude fiscal o la objeción tributaria?

 

La normativa sobre acceso a centros docentes financiados con fondos públicos, ¿justifica el fraude fiscal o la objeción tributaria?

Voy a atreverme a reflexionar sobre algo muy, muy, muy duro. ¡Que no es ninguna broma! El tono de "sarcasmo extremo" con que me enfrento a algunas de las realidades tributarias que nos ahogan no sirve para esta situación.

Hoy he sido partícipe de una conversación muy preocupante. Si la hubiese visto desde "muy fuera" me hubiese parecido quasi-xenófoba y claramente machista; pero allí dentro, y conociendo a las personas implicadas, extremadamente en las antípodas de cualquier tipo de sospecha de "racismo", "irracionalidad" o "misoginia", ¡solo me quedé helada!

Dos amigas estaban comentando los problemas de adaptación de un niño en el colegio, sobrino de una de ellas, y algún que otro comportamiento inadecuado; un niño de 4 años de una familia normal y corriente. Una de ellas, la tía del niño, profesora en un colegio -sí, concertado- y trabajadora infatigable, además de "loca por los niños"-; la otra, madre también de niños pequeños. La conversación discurría sobre una pregunta inocente: ¿tus sobrinos no van al colegio donde trabajas tú? Y a partir de ahí, los detalles sobre el proceso de admisión de los niños en centros docentes, financiados con fondos públicos.

Hago énfasis en "financiados con fondos públicos", porque esos fondos públicos se "extraen coactivamente" de nosotras tres, y ahogan la llegada a fin de mes de cada una de nuestras familias.

- No, Fulanita, no pudo ser, - comentaba la profe- ¡fue un año con un pico de natalidad y tuvieron mala suerte!

Yo no me podía resistir e intervine, porque ¡eso de la mala suerte no sonaba nada bien!

Y tirando del hilo...

- El colegio en que trabajo era la segunda opción; porque queda lejos de donde viven, y de donde van el resto de primos y vecinos. De hecho habían escogido como primera opción el Colegio B.

El dichoso Colegio B tiene un cierto reconocimiento social en la zona. Y el relato literal de la profesora, tía del niño en cuestión fue, "literalmente" como sigue.

- Tuvieron muy mala suerte, de verdad. Supimos, porque todo se sabe en un pueblo pequeño y con amigos dentro, que estaban en el número 25 en la lista hasta el último momento. Pero en el último momento, fue a ver al director una brasileña despampanante, madre soltera y sin ingresos, quien amablemente le indicó cómo tenía que preparar toda la documentación para solicitar la plaza y, en estricta aplicación de la normativa, conseguirla por derecho.

¡Uau!, me dije a mí misma en silencio, esperando a ver qué salía de todo aquello. Porque ¡no me atreví a llamarle xenófoba a la cara a esa señora, sensata y serena, que apuntaba con cierta amargura que sus sobrinos habían sido redireccionados al más infecto ghetto educativo de la comarca -certificado no sólo por las "fichas policiales" sino también por las autoridades educativas y los expedientes abiertos-, por la doble circunstancia de que no pertenecían a una familia desestructurada y que sus padres ganaban algo de dinero ese año -dos años después sí estaban en el paro ambos-!

No es la primera vez que escucho historias como esta. Que existan "ghettos educativos" no es ni bueno, ni malo, ni regular: ¡es lo que hay! Pero, por mi negociado, no es ese el tema: ¡yo no sé nada de gestión de centros educativos y no tengo soluciones!

Sí sé de los muchos impuestos que pagamos las familias españolas y de los millones de trampas que nos hacen los poderes públicos, BOE en mano, hasta el punto de dejar marcados a nuestros hijos o forzarnos a soluciones heroicas.

Sí sé de ese principio tan bonito de la "progresividad" de que habla la Constitución Española. Pero yo no he leído en ningún sitio que quien debe pagar más impuestos, no de forma proporcional, sino "progresivamente más", deba ser excluido por ello de los servicios públicos... ¡ojo, de esos servicios públicos cuyo sostenimiento justifica, teórica y constitucionalmente, el deber de contribuir, y de forma progresiva! Esto sería algo así: ¡a mí me sangran "mucho más" para financiar unos servicios de los que luego me excluyen, por ese mismo motivo, que gano "un poco más"!

Quizás debamos consultar a la doctrina científica, a algún docto Catedrático de Derecho Financiero y Tributario, si la pregunta que propongo a continuación es metodológicamente correcta o no. Pero, las madres y las ciudadanas-contribuyentes, que trabajamos como mulas y pagamos impuestos como exclavas en España, año 2012, tenemos una pregunta para Vd.: ¿cuando el hecho de pagar "progresivamente más" impuestos te excluye del acceso a los servicios públicos que se financian con esos impuestos, eso como se llama? ¿Alguien se ofende si lo consideramos un "expolio" o un "fraude"?

Y ¿qué margen de reacción tiene una madre para defenderse del "expolio" y del "fraude institucionalizado" (bajo apariencia de lo que sea)? En algo tan "esencial" como la escolarización de tus hijos, el hecho de pagar impuestos, ¿cómo puede excluirte de las listas de admitidos del centro que eliges razonablemente?

Es más, ¿sabes que si defraudas impuestos, además tienes prima en la elección del colegio, porque lo que computa es la declaración de la renta -y si estás en negro, tu hijo entra y el mío no-? ¡No me digas que no conoces a nadie que haya falseado el empadronamiento para "teledirigir" la elección de colegio! ¿Quieres que te cuente cuántos conozco yo que, además, lo "chulean"?

Los diarios oficiales esconden cientos de medidas bienintencionadas y buenistas, que estarían fantásticas, que yo también celebro cuando veo en las ruedas de prensa..., ¡hasta que se llevan por delante el futuro de los míos! Entonces, en el caso concreto, es cuando me doy cuenta del engaño.

La "progresividad tributaria" es un engaño institucional que sirve para ofrecer un "chivo expiatorio" en el altar de la opinión pública iletrada. Porque los "rentistas" y los "especuladores" tributan a tipo fijo. La progresividad nos aplica a las madres "que trabajamos como mulas" para corregir la "expulsión al ghetto" al que nos mandan las normas sobre acceso a centros docentes financiados con mis impuestos. Alguien dirá aquello tan "impropio" de que ... "y además pones la cama".

Categories: 
Top