La regulación de las "tasas judiciales" y el concepto de tasa (o de cuando el relativismo conceptual conduce al absurdo y al atropello).

 

La regulación de las "tasas judiciales" y el concepto de tasa (o de cuando el relativismo conceptual conduce al absurdo y al atropello).

El Proyecto de Ley sobre Tasas en la Administración de Justicia repite, mal que nos pese, un antiquísimo patrón tributario, penoso sino lamentable. Un patrón que, como en el caso de la amnistía fiscal, no deja de repetirse en situaciones de crisis fiscal extrema, como el que nos azota. Un patrón que combina tres elementos básicos: cuando hace falta "pasta" todo vale, al punto de forzar las instituciones jurídico-tributarias (subir más impuestos ya no se puede, toca el turno al "tasazo"); y cuando hay que "hacer marketing" de medidas extremas, se nos presentan como inevitables, cuando no modernas y salvadoras (solucionaremos el crónico desprestigio de la justicia); y, en última instancia, tiene que haber un buen salvavidas de moral pública para consumo masivo (en este caso la asistencia jurídica gratuita).

Aun cuando hayamos visto ya de todo, y nos hayamos acostumbrado al encadenamiento de despropósitos, las Tasas Judiciales sobrepasan todo lo razonable.

La desnaturalización del concepto de tasa en el ordenamiento tributario español es un clásico: el principio de justicia esencial en las tasas, el de provocación de costes (lo único que justifica sustancialmente este tributo), ha sido desnaturalizado en la legislación y, por extensión en la jurisprudencia, cuando se ha asumido, sin rubor, la exacción de tasas clarísimamente desproporcionadas respecto al coste del servicio recibido (la jurisprudencia sobre las antiguas tasas por licencias urbanísticas es bochornosa).

Aun así, en la jurisprudencia sobre casos concretos de exacciones de tasas, el TS siempre ha analizado con rigor la exigencia de un "beneficio particular para el sujeto pasivo" frente a aquellos supuestos de "prevalencia del interés general" (por ej., en los supuestos de aprobación de instrumentos de planeamiento, de carácter normativo, en los que se ha considerado prevalente el interés general).

En estos términos, a mí personalmente no me cabe duda de que la idea de "Hacer Justicia" tiene un componente de interés público clarísimamente prevalente sobre el interés particular de los litigantes; admito que mi visión es un poco "ñoña", romántica o trasnochada...: ¿la Justicia como Valor Social Supremo? ¡Habrase visto, qué tipo tan antiguo! Desde esta perspectiva, vale que utópica, en la Justicia no caben tasas.

Por supuesto, es fácil argumentar lo contrario. Yo propongo, ¿donde está el beneficio particular de quien, lesionado en sus legítimos derechos, debe acudir a los Tribunales para demandar su restablecimiento? Se me escapa..., ¡a mí y a todo el mundo! Pero para ello siempre se puede decir que, al final, deberá pagar quien pierda y sea condenado en costas... Y esta es la palabra mágica: la institución para corregir el abuso en la jurisdicción deben ser las costas judiciales, o cualesquiera otros mecanismos de multas penitenciales relacionadas, un castigo directo de la temeridad y no una "tasa disuasoria".

Con esto llegamos a otra falacia ya clásica y profundamente arraigada en la sociedad española: la ingeniería fiscal con tributos, la utilización de tributos para cosas distintas de la contribución al sostenimiento de los gastos públicos, unas veces para fomentar el acceso a la vivienda, otras para penalizar usos sociales reprochables. En este caso, la tasa no es para recaudar dinero..., ¡qué va!, es para arreglar los problemas de la Administración de Justicia y para educar a los ciudadanos de "demanda fácil". La historia de los tributos con fines no fiscales, la historia de la extrafiscalidad, se ha demostrado una y otra vez un despropósito: cuando no un estrepitoso fracaso -la reforma agraria en Andalucía-, sí una simple coartada de opinión pública.

¡Ojalá nos quedase el Tribunal Constitucional para cumplir su función, limitar las propiedades del BOE, aquellas de que "el papel lo soporta todo"! Sin embargo la historia también es tozuda, ¡no está ni se le espera!

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