Soy mujer, mayor de edad, y tengo plena capacidad para decidir: ¡no necesito que el legislador tributario me salve del machismo!

 

Soy mujer, mayor de edad, y tengo plena capacidad para decidir: ¡no necesito que el legislador tributario me salve del machismo!

Machismo, rancio y decimonónico, es que unos señores bienpensantes, políticamente correctos, intelectualmente solventes y profesionalmente destacados, se crean compelidos por la necesidad de ¡salvarme de mí misma!

Atraco es que, además, quieran hacerlo subiéndome los impuestos.

Fascismo es que los poderes públicos, con su política fiscal invasiva, aun con su indiscutible e insustituible legitimidad democrática, pretendan forzarme a corregir decisiones libres y autónomas, adoptadas con plena conciencia y total reflexión, desde el conocimiento y el ejercicio responsable de mi libertad individual.

Por favor, tengan en cuenta ¡que de mi generación en adelante ya no somos analfabetas sometidas, ni paletas desorientadas, ni mojigatas acomplejadas!

 

Lo síntomas de decadencia de una esta sociedad otrora opulenta se nos presentan todos los días y de la forma más insospechada.

Ayer noche leía en un blog prestigioso y de calidad una aportación de un prestigioso autor que me ha dejado helada la sangre. Me ha llamado especialmente la atención porque el autor, me dicen quienes están más en el ajo en estas cosas, es una de las personas más respetadas en el Derecho Tributario en España y uno de los profesionales al servicio de las Administraciones Tributarias cuyas opiniones tienen más repercusión.

 

Por eso me preocupa especialmente que alguien con tan sólida trayectoria defienda la "cláusula anti-maruja" y abrace los dogmas de utilización de los impuestos para hacer políticas de género..., ¡y no para hacer justicia tributaria!

En mi entorno, mencionar la "ingeniería social con impuestos" es como mentar la versión más moderna, sibilina y trapalleira de goebbelianismo. Sabiendo todos, además, que todos los ejemplos de modificación de conductas por vía de impuestos han demostrado ser una patraña infumable: ¿cuántos han dejado de fumar por los impuestos anti-tabaco?, ¿cuántos han dejado de ir al bingo, o cuánto se ha reducido la contaminación por los impuestos verdes? Vale que todo esto es matizable y discutible; pero centremos el tema: ni los impuestos cambian conductas, ni es presentable en el Siglo XXI que los próceres de la patria tutelen nuestra vida diciéndonos como debemos vivirla "compulsivamente" ¡fuera del Código Penal y de la ordenación de los límites entre la libertad de unos y de otros!

Ya he hablado en este blog de la "cláusula anti-maruja" y no pensaba que volviese a la actualidad de forma tan rabiosa.

Debe quedar claro que no es un invento español, y que seguimos con especial interés y atención distintas publicaciones sobre cuestiones de género y sus implicaciones tributarias.

Y quede claro también que aquí manejamos vocacionalmente y dentro de nuestras posibilidades, un grado de atención al detalle y a la matización argumental notable. En cosas serias, es conveniente evitar eslóganes y dogmatismos hueros.

Ahora bien, simplificando a efectos de "comunicación blog" y con la intención de central el debate, vamos a hacer tres consideraciones un pelín duras:

 

Primero. Que los poderes públicos (o algunos de sus servidores más preclaros, algunos subvencionados en el IEF y otros con proyectos de investigación universitarios jugosos -que nos consta más allá de toda duda-) utilicen sesgadamente sus posiciones prevalentes para diseñar un modelo social ideologizado e imponerlo por vía tributaria no tiene pase.

Pongamos que alguien ha decidido que "mi madre" o "yo misma" o "mi vecina del primero" no somos lo suficientemente personas, no somos mujeres realizadas, y necesitamos ser forzadas por los poderes públicos a lograr nuestra realización personal a través del trabajo profesional retribuido fuera de casa. ¡Porque suponemos que ninguno de esos ilustres pretende significar que nos tocamos las narices cuando atendemos nuestro hogar, a nuestros hijos y su formación o nos dedicamos a lo que libremente nos place cuando tenemos un rato libre! Y que para ello deben subir los impuestos a las familias que toman la decisión de repartir el trabajo y los roles.

En la España de 2012 no existe ninguna presión social para que ninguna joven se dedique a lavar calzoncillos por designio social; y, por lo tanto, tampoco existe ninguna legitimidad para que el Estado nos modernice a la fuerza tributaria.

La propuesta de suprimir la tributación conjunta porque beneficia a las unidades familiares en las que "la mujer" no obtiene rentas es una desfachatez intelectual. Probablemente del mismo calibre y con los mismos orígenes de aquel debate intelectual "made in cloacas" sobre que "los hijos de los ricos valen más que los hijos de los pobres".

 

Segundo. No es metodológicamente asumible partir de estadísticas para imponer modelos sociales contra la libertad. ¡Como la estadística que me sale no se corresponde con el "ideal políticamente correcto", cambio de normas e ingeniería social!

Afirmar que el régimen de tributación conjunta en el IRPF supone un desincentivo para el trabajo de la mujer casada, y relacionarlo inmediatamente con la diferencia de salarios medios declarados por hombres y mujeres..., ¿adónde nos lleva, o qué nos demuestra?

A mi juicio demuestra que muchas de las personas más relevantes y profesionalmente admirables de esta sociedad han perdido el norte, o el anclaje, en algunas cuestiones básicas, críticas e irrenunciables.

El debate sobre el modelo de tributación familiar en España debiera ser abierto alguna vez en serio. ¡No creemos que eso vaya a ocurrir! La sociedad española, adolescente, infantilizada y acomplejada hasta la nausea, no respeta la libertad y le tiene un miedo atroz a dejar que los ciudadanos ejerzamos nuestro libre albedrío. Además, ¡qué sería de los poderes públicos si perdiesen la potestad para usurpar nuestras decisiones y pastorearnos con sus nuevas religiones laicas!

Cuando los más valiosos y respetados dan el salto en el vacío y pasan del "impuesto justo" a "los efectos económicos del impuesto en función de los valores sociales dominantes"..., ¡estamos perdidos! Porque si la premisa es que de la observación de la realidad resulta que la situación de la mujer en 2012 está condicionada por "obstáculos históricos, económicos y educativos", ¡apaga y vamos! Claro, una asesora fiscal paleta como yo, ¡no puede comprender que sus decisiones libres no lo son, porque la historia, la economía y la educación "me inhabilitan como ciudadana libre y responsable"! Pronto algún espabilado propondrá, a continuación, que las mujeres no votemos; o por lo menos que no votemos aquellas que no tenemos clara esa lacra que nos limita y condiciona y que, en consecuencia, estemos dispuestas a orientar nuestro voto de forma que "rompamos las cadenas".

 

Tercero. ¿Alguien se ha leído la STC 45/1989? En mi entorno próximo no paramos de alucinar con todo lo que se dice que dijo aquella resolución que, por otra parte, ha sido lo más nefasto que jamás ha dictado el Tribunal Constitucional Español. ¡Y cuidadito que el nivel del TC, en este ranking de despropósitos, es muy apretado!

Si mal no recordamos -así rápido y ligero, estilo blog-, los efectos de aquella STC 45/1989 se limitaron a proscribir la discriminación de las unidades familiares motivada por los efectos negativos del sistema de tributación acumulada familiar obligatoria, unidos a, claro, la progresividad de la tarifa.

Pero en una peripecia intelectual repetida y repetida y repetida, al más puro estilo goebbeliano, resulta que no, que lo que dijo aquella sentencia fue otra cosa. Y que cuando se denegaba la consideración de la "familia" como centro de imputación, por economías de escalas o lo que fuese, la óptica fue siempre dialéctica -como tiene que ser-, para rechazar las alegaciones del Abogado del Estado a favor de la tributación acumulada familiar obligatoria. ¡Parece mentira que gente preparada y preparadora utilice el argumento "a contrario" como jovenzuelos imberbes!

Y, en efecto, algunos discutimos y discutiremos siempre la hiper-individualización de la renta y la riqueza. ¿Saben Vdes. que el modelo de relaciones económico-familiares en la mayoría de España se basa en la existencia de una comunidad de gananciales? Pero, ¿es mejor cambiar el impuesto que cambiar el sustrato patrimonial?

 

¡En fin señores, que esto es una trapallada integral y una inmensa obscenidad intelectual!

Voy a terminar, por esta vez, rebajando el tono. Después de mostrar mi indignación y mi repulsa, enérgicamente y en un foro-blog donde este tipo de lenguaje me es explícitamente admitido, también quiero encuadrar serenamente esta indignación.

No es razonable, no es deseable, el ambiente de monolitismo alrededor de lo políticamente correcto y la necesidad de "forzar soluciones de género en favor de las mujeres". No es razonable y no es deseable el ambiente igualmente monocorde, con unos silencios claramente expresivos y monstruosamente delatores, sobre la injusticia del régimen de tributación familiar en España.

Y vale que se admita, yo admito, todos los argumentos y todas las razones en favor de políticas de género, incluidas las que signifiquen intervenciones histriónicas (como exigir un número de mujeres en consejos de administración, en listas electorales, o cosas por el estilo -pronto llegará el turno rotatorio a la Ley de Propiedad Horizontal para que tenga que haber el mismo número de Presidentes que de Presidentas-).

Lo que no es admisible es que esas sean las únicas ideas que circules. Y, mucho menos, que todos nos dediquemos a hacerle palmas, hasta con las orejas, a cualquier ocurrencia por absurda que sea, con tal de que ¡nos salve a las mujeres del atraso histórico y la opresión secular que sufrimos!

 

Por favor, ¡déjenme en paz! ¡A mí, a mi madre, a mis hijas...!

Categories: 
Top