Tragedias de la Educación en España: la irresponsabilidad como sistema de gestión.

 

Tragedias de la Educación en España: la irresponsabilidad como sistema de gestión.

Un montón de veces he comenzado a redactar pequeñas reflexiones sobre la educación en España, una tragedia integral de dimensiones bíblicas, y otros tantas he terminado rompiendo los originales porque "se me iba de las manos": ¡sí, es tanta la amargura y el desasosiego que me genera!

Pero durante estas vacaciones escolares de Navidad he tenido la ocasión de charlar con varios grupos de amigos sobre mis preocupaciones con la educación de mis hijos, y en particular sobre el sistema educativo español. Y sí, comparándolo con otros (pero me voy a guardar las comparaciones por ahora).

Unas de mis interlocutoras, una tarde en un centro comercial en Santiago, eran dos profesionales de la enseñanza. Una funcionaria con destino en un centro de enseñanza secundaria, en un instituto de toda la vida, y otra una profesora de universidad; ambas madres, y ambas preocupadas, inmersas, sumergidas, en los problemas de la educación en su doble vertiente: como madres y como profesionales de la educación.

Si mi diagnóstico es terrible, los comentarios y las valoraciones de la "gente de dentro" no deja lugar a la duda: diagnóstico confirmado. Lo terrible del diagnóstico es que no ha existido, ni existirá -me temo-, ley alguna que sea capaz de frenar la debacle progresiva.

Porque las raíces profundas de la degeneración del sistema educativo español no van a ser atacadas nunca: ¡nadie se atreve!

El sistema español de función pública, el de función pública docente pero no solo, se ha asentado sobre el principio de irresponsabilidad: lo dicen ellos mismos. Sí, sí, lo remarcaban amargamente mis interlocutoras de "café amable", con una queja agria de profesionales desencantadas, no diría que rendidas todavía, pero casi.

El ejemplo: en el instituto en que trabaja mi amiga hay un profesor que no reside en la localidad sino que viaja todos los días, conduciendo cerca de 80 kilómetros. Con los años se ha consolidado ya la "leyenda urbana" de que cuando en el reparto de horario a este profesor le tocan sesiones "a primera hora", el profesor de apoyo tiene trabajo seguro durante todo el curso; y así ha sido una vez más, no hay día en que el retraso no supere los 20 minutos o media hora. El escándalo interno es "de tal magnitud" que varios profesores se han dirigido a "jefe de estudios" instándole a que, de una vez por todas, tome cartas en el asunto.

Pero el jefe de estudios, como todo el mundillo, "no quiere problemas". Sí, sí, ya he hablado con él y le he pedido que tenga cuidado; pero ya vez, no hay nada que hacer... ¿No hay nada que hacer? ¡Habrá que comunicarlo a la Inspección, habrá que denunciarlo a la policía, habrá que hacer lo que sea! ¿Como no va a haber nada que hacer?

Estas conversaciones siempre terminan con la "fómula Pilatos": "mira filliña, yo hoy estoy aquí y mañana vete tú a saber donde, y yo no quiero ni problemas ni enemigos ni malos rollos". Stop.

Me pareció jugoso el ejemplo para empezar a explicar el "principio de irresponsabilidad imperante como sistema de gestión en el ámbito de lo público" en España. Sí, porque nos llenamos la boca denunciado la irresponsabilidad y la corrupción en la "clase política". Y no me cabe ninguna duda de que ésta existe, ambas, la irresponsabilidad y la corrupción (hasta unos límites que nadie quiere conocer, de lo vomitivos que son).

Pero esta irresponsabilidad instaurada en el sector público que, en España suma ya más del 50 por 100 del PIB según los últimos datos que he leído -incluyendo empresas públicas-, ¡no tiene solución! Son demasiados votos y son demasiado años.

Ah..., ¿que existe un régimen sancionador y disciplinario y todas esas gaitas? Ya, ya. Ja, ja.

Permítanme terminar esto señalando un caso de funcionario expulsado de la carrera (un fiscal en este caso) como sanción disciplinaria. ¿Saben Vdes. por qué expulsaron a Juan Antonio Frago? Sí, ¡lo expulsaron por hacer honestamente su trabajo! Vaya paradoja, ¿no?

Y tú, ¿estás tranquilo confiando la educación de tus hijos a un sistema anclado en el "principio de irresponsabilidad"? Sí, yo también he tenido mucha suerte, porque a mi hijo le ha tocado una profesora excelente, por ejemplo, cualquiera de mis interlocutoras. ¿No te parece un poco macabro plantear la educación de tu hijo como una lotería?

Ah! Y seguiremos con el ejemplos y manifestaciones del "principio de irresponsabilidad". ¡Nadie de piense que me quedo en una anécdota! Mi horror es que de tantas anécdotas he terminado por convencerme de lo que es "categoría": yo, y una infinidad de profesionales de la enseñanza comprometidos y esforzados que "ya no pueden más con el deterioro de su función".

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